Huracanes y Petróleo.

septiembre 11, 2005

Con el título “The Climax of Humanity” apareció en Internet un sugestivo ensayo que cautivó inmediatamente de aquellos interesados en el futuro de la Vida en la Tierra. Celebra, en primer lugar, el autor los evidentes logros del hombre y las inmensas posibilidades de nuestro porvenir. No era, sin embargo, esta bella pieza literaria un ejercicio vano y vacío de optimismo sino más bien una advertencia sobre catastróficos efectos de la Razón Instrumental cuando ciega ésta se aplica sin prudencia sobre la Naturaleza. De no ser así, catastróficos eventos, pueden convertir en ruinas desoladas todas las creaciones del Hombre y hundir en pálido recuerdo sueños y logros. Son, en efecto, breves los ciegos momentos de clímax ya que después de estos intensos momentos se produce, la caída; y, si bien es cierto, que Aquiles eligió experimentar el inmenso placer de este excelso momento, también se arrepintió, cuando convertido en miserable sombra, dijo que envidiaba, la suerte de la más mísera criatura del planeta. Aunque poetas han podido encontrar belleza en una Tierra donde ha desaparecido el ruido humano, es decir, en un mundo donde por las tardes, un suave viento hace susurrar las hojas de los árboles, no me agrada en modo alguno la posibilidad. Menciono el tema pues los horrores de la semana pasada con claridad nos demuestran cuales pueden ser los efectos de una naturaleza desbordada.

¿Quién, por ejemplo, la semana pasada podría concebir que toda una ciudad en los Estados Unidos, pudiera convertirse en una ruina? ¿Era, acaso, imaginable el caos y la impotencia del gobierno estadounidense ante la catástrofe? Probablemente pocos pero estas nociones, ante los hechos consumados, pueden cambiar con rapidez ya que ponen en cuestión varias políticas del presidente Bush y de la actual administración republicana. En efecto, Nueva Orleáns es ahora una ruina porque el presidente Reagan permitió la desaparición de las tierras húmedas que protegían la ciudad y porque el presidente Bush eliminó la asignación presupuestaria que permitía reforzar los diques que contenían la ciudad. Y, la razón básica que explica el caos al interior de la ciudad no es otra que el envió a Irak de gran parte de la guardia nacional de los estados afectados. Pero, no sólo son políticos los efectos del huracán ni tampoco están estos limitados a la economía o vida de los estados afectados sino que probablemente tengan consecuencias en todo el planeta. Intentaré, por esta razón, describir estos efectos.

Podemos empezar que el problema no está en la destrucción provocada por el huracán: la economía de Estados Unidos es tan grande y diversa para ser afectada por la paralización de una de sus partes componentes. Puede incluso la destrucción estimularla. Aunque esta afirmación pueda parecer a muchos paradójica; es, en efecto, un supuesto razonable. En efecto, los pagos que realizan los seguros se encargan de cancelar el efecto riqueza de las pérdidas y las tareas de reconstrucción, sin duda, estimulan industrias como la construcción y la industria manufacturera en general.

Tiene, sin embargo, la zona afectada varias características peculiares que magnifican, por varias razones, los efectos de la destrucción. En efecto, cumplen los estados afectados un papel fundamental en la producción de petróleo y, por esta razón, en su territorio están localizadas las refinerías más grandes e importantes de los Estados Unidos. Actualmente, nueve de las 14 refinerías que existen en la región, están paralizadas, y están, según el “Financial Times”, representan el 12,5 por ciento de la capacidad de refinación de los Estados Unidos. También, Estados Unidos, como consecuencia de los estragos de huracán, parece haber perdido casi el 20 por ciento de su capacidad de producción de petróleo crudo y una fracción sustancial de su capacidad de producción de gas natural. Estos eventos han provocado una enorme escasez de combustible y un fuerte incremento en el precio de todos los derivados del petróleo al interior de estados Unidos. Por ejemplo, la gasolina se cotizaba, en los Estados más alejados, de la zona de catástrofe a casi 3 dólares y entre 4 y 5 dólares, en las zonas afectadas. Algo similar ocurría con el precio de los otros derivados del petróleo. Ha sido en efecto tan grave la situación, que el secretario de Energía, Samuel Bodman, se ha visto obligado para mitigar la escasez a liberal el petróleo que tenía acumulado en la Reserva Estratégica de petróleo. Como este intento no tuvo el éxito esperado, el gobierno acaba de anunciar, la importancia de derivados de la Unión Europea. Los especialistas en cuestiones energéticas más pesimistas creen que precios de la gasolina entre cuatro o cinco dólares al término del año.

El otro factor a considerar es el papel fundamental de los puertos localizados en la zona del golfo en el sistema de distribución de los alimentos y productos agrícolas en los Estados Unidos. En efecto, casi el 55 por ciento de las exportaciones de granos realizadas por Estados Unidos y el 60 por ciento de las exportaciones de maíz, usan la cuenca del río Mississippi. Si bien son posibles canales alternativos de distribución, los costos de las alternativas son mayores. Además, las ventajas económicas de la ruta del Mississippi parecen ser un componente esencial de la competitividad de la producción agrícola de los Estados Unidos. Podría, en opinión de los muchos analistas, importar maíz que cambiar de ruta de distribución.

Esta delicada coyuntura ha producido una gran preocupación entre los principales especiales en la economía de los Estados Unidos. Ya, antes del huracán, eran delicadas en extremo las condiciones que prevalecían en los mercados financieros y el nuevo choque petrolero podrían empeorar aún más la situación. Muchos comparan los nuevos eventos con los ataques terroristas del 11 de setiembre y algunos encuentran más adversos sus efectos. El gran miedo es la reacción del consumidor americano ante los nuevos incrementos en el precio de la energía. Según las últimas estadísticas disponibles, la tasa de ahorro de las familias americanas es negativa y deben, en consecuencia, endeudarse para financiar su insaciable deseo de consumo. ¿Limitarán, los estadounidenses, sus gastos cuando el incremento en el precio de los combustibles vuelva prohibitivas sus frecuentes desplazamientos a los grandes centros comerciales? Si, estos viajes se redujeran, es probable que así también lo hagan, las ventas de las grandes cadenas comerciales, y, con ello que se produzca una reducción de las compras de Estados Unidos en el exterior. De producirse, esta reacción, su efecto sería inmediatamente evidente en Asia y Europa. Se vuelve más seria la situación cuando se considera el efecto del incremento del precio de petróleo sobre los segmentos más pobres de la población ya que estos son los más afectados por los nuevos incrementos en el precio del petróleo y probablemente los primeras familias estadounidenses que se vean forzadas a reducir su nivel de vida.

Los nuevos desarrollos han producido una revisión importante de los pronósticos económicos. Se espera, en efecto, una reducción abrupta de las tasas de crecimiento de la economía de Estados Unidos. Muchos estiman en cero por ciento la tasa de crecimiento de los Estados Unidos en el IV trimestre del presente año.

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